Sin ningún lugar a dudas el descubrimiento del papel biológico del gen HER2 en el cáncer de mama, y la posibilidad de utilizarlo como diana terapéutica, marcó un antes y un después en el manejo del cáncer de mama, convirtiéndose en un paradigma de la medicina de precisión.
La heterogeneidad molecular del cáncer de mama es bien conocida desde hace más de dos décadas, y está muy aceptado que debería jugar un papel clave en la selección de la terapia más adecuada.
No obstante, actualmente el enfoque en la práctica clínica diaria continúa siendo considerar la clasificación clínica (basada en la inmunohistoquímica/hibridación in situ) como el gold standard para tomar decisiones con respecto al tratamiento, siendo muy limitada la incorporación a la rutina de las técnicas moleculares.
En plena era de la medicina de precisión el retraso en la implementación de estas técnicas al manejo habitual del cáncer de mama podría parecer una contradicción.